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Conoce todo sobre los Colosos de Memnón

Los Colosos de Memnón son dos grandes estatuas gemelas que sobreviven del Antiguo Egipto en Lúxor, en las cercanías del Nilo, que acumulan 3.400 años de antigüedad; resguardaban la entrada principal del complejo funerario del faraón Amenhotep III y sobre uno de ellos recae la leyenda mitológica de que le cantaba a la aurora.

Colosos de Memnón

Colosos de Memnón

Estas dos gigantescas esculturas de piedra se construyeron para resguardar la primera entrada del hoy inexistente templo funerario (necrópolis) del antiguo monarca Amenhotep III, perteneciente a la dinastía XVIII, la más floreciente que reinó Egipto durante la prolongada era de la civilización faraónica. La Unesco declaró el valor patrimonial de las figuras de piedra desde en 1979.

Historia

La pareja de estatuas similares que se conservan hasta la actualidad, se crearon, junto con otras parecidas, para proteger las entradas del monumental templo donde reposarían los restos mortales del faraón Amenhotep III, que también se le conoce como Amenofis III y Memnón, quien reinó en Egipto en el periodo 1390-1353 antes de la era cristiana, es decir, hace unos 3.400 años.

Este faraón, cuyo reinado se cuenta como el más próspero de la historia nacional, gobernó tras las muerte de su padre, Thutmose IV y ocupó el noveno puesto como rey de su dinastía. Al parecer, era muy joven cuando ascendió al trono, por lo que contó con la regencia de su madre y un consejo creado para tal fin. Su hijo Ajenatón, que engendró con su esposa la reina Tiyi, asumió el trono cuando falleció el año 39° de su gobierno. La autoría de las esculturas se le atribuye al arquitecto Men, quien las creó trabajando un enorme bloque de cuarcita por cada pieza.

Colosos de Memnón

El templo funerario o necrópolis se construyó cuando el faraón aún vivía y en éste se le rendía culto como si fuera un dios terrenal. En su tiempo, la edificación era la más grande y majestuosa de todo el reino, abarcando una extensión de 35 hectáreas de terreno, casi un kilómetro de longitud, siendo mayor que el Templo de Karnak, también de un tamaño impresionante.

Esta fabulosa estructura de piedra también se le conoció como el Templo de Millones de Años y hoy quedan los Colosos de Memnón como testigos de su remota existencia, pues movimientos telúricos y las anuales inundaciones del Nilo lo fueron deteriorando y los monarcas que siguieron a Amenhotep III optaron por su demolición, con el objetivo de reciclar las piedras para levantar otras estructuras, como el de Merenptah y el Ramesseum.

Ubicación

Colosos de Memnón

El par de estatuas atrae a turistas y curiosos desde el margen occidental del río Nilo, en el sur del país africano. Justo enfrente queda la ciudad de Lúxor, construida sobre las ruinas de la antigua Tebas, y Medinet Habu también se ubica próxima. Las inmensas necrópolis Tebanas se ubican hacia el sur de estos antiguos colosos.

Las gigantes esculturas faraónicas, siendo más precisos, posan en un terreno despejado en la vía hacia el Valle de los Reyes. La capital egipcia se aleja unos 700 kilómetros de distancia.

Colosos de Memnón

Muy cerca del espacio donde reposan las dos piezas arqueológicas, se ubicaba la apoteósica construcción destinada a albergar por la eternidad el cuerpo momificado de Amenhotep III, de la eran los únicos restos que perduraban en el lugar, hasta el desentierro relativamente reciente de fragmentos de otras esculturas.

Características

Colosos de Memnón

Los Colosos de Memnón se encuentran sentados en reposo, con las manos encima de las rodillas y mirando hacia el este, donde atraviesa el caudaloso río Nilo y aparece el Sol en la mañana. Junto al trono, aparecen esculpidas varias figuras más pequeñas, de las cuales se han identificado la esposa del faraón, Tiyi y su progenitora, la reina Mutemuia.

En los laterales se observan varias inscripciones (jeroglíficos) y en bajo relieve una simbología de Hapy, dios egipcio de la abundancia y la inundación anual que causaba el Nilo desde tiempos inmemoriales.

Colosos de Memnón

El material rocoso que trabajaron para darle forma a las estatuas es cuarcita, que trajeron al lugar en grandes bloques provenientes de las canteras de Guiza y Gebel el-Silsila, situadas al norte de la ciudad de Asuán, siguiendo la instrucción del arquitecto creador del templo.

Las monumentales esculturas pesan cerca de unas mil toneladas y tienen una altura de 18 metros, medidos a partir de los enormes bloques de piedra que le sirven de base.

Hallazgos recientes

Colosos de Memnón

Existen otros cuatros colosos que una comisión arqueológica internacional egipcio-europea trabaja en la actualidad por recuperar bajo el fango donde quedaron sepultadas las ruinas de la famosa necrópolis de Amenhotep III, tras un terremoto ocurrido en el año 1.200 antes de Cristo y las anegaciones de siglos después causadas por el desbordamiento del Nilo.

El esfuerzo ha tenido éxito con el rescate de dos figuras enormes del faraón, reconstruidas a partir de cientos de piezas de distintos tamaños, la mayor de 250 toneladas de peso.

Una de las esculturas rehecha pesa 300 toneladas y la restauró con gran paciencia el arqueólogo Miguel Ángel López, de origen español. En ésta, el monarca se ve sentado con los brazos colocados sobre las rodillas, portando en la cabeza el nemes  y con la falda plegada, ambos atuendos característicos de su alto título nobiliario.

Estos restos se descubrieron en 2002, tres metros bajo el agua. En 2011 se concluyó la reconstrucción del cuerpo, y en la operación de rescate de 2014 se logró dar con las extremidades y la pesada cabeza de 16 toneladas.

El segundo coloso recuperado mide 13 metros y muestra al faraón parado, con la corona sobre su cabeza y sosteniendo un papiro en cada mano.

Otra estatua desenterrada en el lugar ha sido la de Iset, hija del rey, encontrada entre las piernas de uno de los gigantes de alabastro y siendo la primera escultura de la princesa que se halla entre las ruinas del templo dedicado a su padre. 

Leyendas sobre los Colosos de Memnón

Colosos de Memnón

Los antiguos egipcios, como todas las civilizaciones anteriores a la era cristiana, profesaban una fuerte adoración a sus deidades y creencias mitológicas. Existen varias leyendas que giran alrededor de los Colosos de Memnón.

Una tiene que ver con su nombre, que se generó en el período helenístico y se cree que está vinculado a la pronunciación de “Phamenoth”, nombre del faraón, que a los viajeros griegos les sonaba a Memnón, uno de los protagonistas de la guerra de Troya, quien ocupó el trono de Etiopía y atravesó con sus hombres territorios de África y Asia para ayudar en la defensa de la antigua ciudad y cayó derrotado ante Aquiles, quien vengó así que éste asesinara a su amigo Antíloco.

Colosos de Memnón

La otra leyenda sobre la denominación de los Colosos no lo atribuye a la pronunciación del nombre del monarca, sino a que el héroe Memnón era hijo de Eos, diosa de la Aurora, quien le imploró a Zeus, al enterarse de su trágico deceso en Troya, que lo reviviera cada día aunque sólo fuera un momento y por esta razón, una de las estatuas emitía un agudo sonido al despuntar el alba, que los griegos pensaban era Memnón que con un gemido saludaba a su madre, la aurora, que se asomaba por el horizonte.

La estatua del lado derecho o ubicada más al sur, denominada coloso parlante, en la antigüedad dejaba escapar un particular sonido cada mañana, cuando se asomaba el sol, lo que atraía a curiosos de todas partes que peregrinaban a escuchar el extraño lamento sonoro.

Colosos de Memnón

Este fenómeno físico acabó una vez que el emperador romano Septimio Severo decidió restaurar la escultura en el año 199 después de Cristo, en razón de que presentaba una fisura desde la cintura hasta la cabeza, producida por el terremoto que removió el área en el año 27 de la era cristiana.

La explicación sobre el musical sonido que dieron los especialistas de la época era que lo provocaba el calentamiento del rocío dentro de la grieta de la estatua, generado por los primeros rayos del Sol, de allí que coincidiera con la salida del astro rey en el horizonte.

Entre los ilustres viajeros que llegaron a ser testigos del “canto” del coloso y grabaron su rúbrica en la base de piedra de la escultura, se cuentan el emperador Adriano y su cónyuge, la emperatriz Sabina; el famoso historiador y geógrafo griego, Estrabón, y Pausanias, también geógrafo de la antigua Grecia.

Excursión

Colosos de Memnón

Las personas que quieran conocer estas colosales y milenarias piezas de arqueología, que son los Colosos de Memnón, deben llegar por aire, tierra o agua hasta la ciudad de Lúxor, hacia el extremo sur de Egipto.

La mejor forma de apreciar todos los monumentos históricos de interés turísticos de esta región es reservar una excursión en una agencia de viajes o empresa especializada, que dispone de transporte y guías expertos en varios idiomas para acompañar a los turistas y darle toda la información de interés sobre cada una de las joyas antiguas diseminadas cerca de las riberas del mítico Nilo. Otras atracciones cercanas, interesantes y de gran valor patrimonial, que no se pueden dejar de visitar en Lúxor son el Valle de las Reinas y el Templo funerario de Hatshepsut.

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